Maricastaña, el secreto que dejó de serlo.

Maricastaña es el sitio it. Un must que lleva abierto desde el pasado otoño y que se ha convertido en uno de los indispensables de Triball.  Cruzas su umbral, –porque una vez que miras tras su cristalera no hay resistencia posible– cierras los ojos y escuchas las primeras notas de jazz que impregnan el ambiente. A partir de ahí, la Gran Vía madrileña se torna Williamsburg.

En la Corredera Baja de San Pablo, en pleno corazón del recuperado barrio de Triball, Madrid escondía un secreto que ha dejado de serlo. Paredes de ladrillo visto, objetos antiguos, lámparas rescatadas de muelles de barcos que se adivinan bucaneros, estantes y armarios que dejan entrever la pared y que se enorgullecen de ser piezas recicladas… objetos de otra época que impregnan de un aura especial un lugar industrial y vintage en el que la experiencia gastronómica es tan fascinante como el escenario nórdico, sofisticado y acogedor que recrea el local.

Y si ecléctica es su decoración, no lo es menos su clientela. Y es que Maricastaña es un loft  -se hace llamar Bar&Kitchen– en el que desde primera hora de la mañana y hasta bien entrada la noche y sus primera copas, sabe ir cambiando de rostro y adaptarse a la demanda de curiosos y asiduos que luchan en secreto y con elegancia por conseguir una de las mesas para dos pegada a la ventana, o compartir un huequito de esa espectacular mesa comunal en la que seguro que si aciertas a sentarte junto a alguien interesante, surgirán más de una conversaciones dignas de recordar.

En calma, saboreando un café o un zumo orgánico acompañado de una estupenda tarta, se pueden ojear las mejores revistas nacionales e internacionales de tendencia en un alarde de coolismo [término que me acabo de inventar] y vanguardia, o simplemente dejar pasar el tiempo observando como la vida continúa su ritmo frenético a través de sus enormes cristaleras.

El escenario, el ambiente y la cocina hacen de este lugar un un buen sitio para ganar el tiempo: Degustar unas tostadas de mermelada artesanal junto a una selección de tés orgánicos o un yogur natural, probar una de sus hamburguesas o una ensalada de pera, mango y queso de cabra; compartir un bruch en el que el bloody mary se acompaña con jugo de tomate natural, saborear los diferentes tipos de panes, quesos y frutas. Todo tan mmm… que siempre hay ganas de repetir.

¿Un brunch distinto? Pues claro. Los domingos desde las nueve y hasta las cinco de la tarde.

Este es el nuevo proyecto proyecto de Madrid In Love.

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