Las Ratas son sagradas, los hombres van descalzos

Existe un lugar en el mundo donde las ratas son sagradas y los hombres van descalzos. Hay un templo, el de Karni Mata*, y hay una creencia que lleva a los hombres a honrar a este animal, y, por tanto, venerarlo, cuidarlo y dejar que se sienta libre de campar a sus anchas por sus instalaciones.

Más allá del umbral del templo, ellas son las reinas y el hombre el invitado. Está en Deshnok, cerca de Bikaner, y entrar a él es mirar cara a cara a nuestro yo más frágil y lanzarle un órdago: Es un lugar sagrado y el rechazo es cultural, basta con relativizarlo y está superado.

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Relativizado, superado y mirándolo desde el punto de vista del no es más que otra experiencia, hay momentos en los que sigue pesando más la grima de estar descalzo en un suelo lleno de heces, o comida, o bolitas que crujen, o algo que, evidente, pertenece al hábitat de este animal y que no parece muy higiénico. Se hace imprescindible mantener un férreo control visual para esquivarlas y no perder la calma cuando levemente te rozan al pasar, o aparecen intentando trepar a la barandilla donde se aguarda la cola para entrar al Sancta Santorum, o cuando, medio muertas en cualquier lugar son pasto a su vez de otra de ellas.

¡Ay, si Delibes levantara la cabeza!

Casi todas estas kabas -ratas- tienen color rata, algo así como un tono parduzco claro, como si tuvieran encima una capa de grisura eterna. Se mueven lentas, moribundas, de un lado al otro del templo asfixiadas de calor, despeluchadísimas, con sus colas raídas,  ajenas a los gritos sofocados de los visitantes; en algunas esquinas tienen inmensos cuencos de leche y comida, y el templo está lleno de orificios para facilitarles el paso. No hay que olvidar que es su casa. [Vale, que sí]

Hay quien afirma que hay alguna rata blanca, y aseguran que si el invitado las ve, o si le pasa alguna por encima de los pies, es un signo muy halagüeño.
Otra señal de buen fario: según los fieles que acuden en masa a comprar prasad, -bolitas de azúcar-, para alimentarlas, comerse una de ellas impregnada en la sagrada saliva de este animal trae suerte.

Fuera, una hilera de mendigos espera que alguien les dé comida para pasar el día.

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*El origen de este templo se remonta al siglo XIV. La diosa Karni Mata pide a Yama, el dios de la muerte que le devuelva la vida a su hijo Lakham, ahogado. Yama le dice que no puede hacerlo, pero que ella sí, desde entonces, los familiares de Karni Mata, en lugar de morir, se reencarnan en ratas, y estas vuelven como miembros de su familia.

La imagen de la mujer dándo de comer a las ratas es de aquí.

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