Jugar a pisar los charcos

Y a saltar sobre ellos, a salpicarse, a acompañar el agua de carreras, de risas, de gritos y de esa alegría que sólo los niños saben contagiar.

Y a chapotear en ellos cuando alcanzan medio metro, como si todo quedara suspendido en ese instante maravilloso en el que en este punto exacto del mundo, dónde nada importa tanto y las pérdidas duelen menos, ocho niños juegan a ser niños, como cuando cae la noche y regresan a sus casas y ya nadie les ve. Han dejado a un lado las baratijas que venden y solo existe el agua, su juego y un cierto aire de envidia en los ojos de los mayores.

Agua que forma charcos, que forma lodo, que anega calles. Agua que es más que agua, que ya es riada que arrastra plásticos, restos de comida, heces de vaca, marañas de basura. Agua que se cobra vidas, que destruye casas, que desborda capitales y que a pesar de todo sacraliza lo profano y es ceremonia, y es vida. Agua de Monzón, agua de esperanza. Agua para vivir, agua para jugar. Agua que forma charcos.Se empapan los harapos, y descalzos bailan libres y ajenos en las calles de Jaipur.

 

No hay hora del día en la que ésta no sea una ciudad espléndida virando al rosa. Son las cinco de la tarde, y las nubes negras llegadas de la nada descargan con fuerza en sus calles. Todo parece detenerse empapado. Desde el coche  y con las ventanillas bajadas, la foto fija que arroja esta ciudad es espectacular. Poco a poco las calles se han llenado de agua y se han vaciado de gente que ha elegido refugiarse contra las maltrechas paredes que soportan estoicas el paso del tiempo y los rigores del monzón. Los menos, los que siguen cruzando las calles, tienen encima más agua que prendas, pero aquí nadie corre. La vida continúa. En un par de horas se evaporará de nuevo para volver a ser finísimo polvo que se cuele insistente por las rendijas y lo vuelva a teñir todo de rosa y oro.  Y mañana otra vez el agua.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Poka, nuestro conductor, está inquieto. Si el agua llega al motor estamos perdidos. Poco podemos hacer, confiar en que se solucione el atasco y no dejar de mirar a esos niños. Y mojarnos las ganas de no salir a saltar.

Agua que forma charcos, que forma lodo, que anega calles. Agua que es más que agua, que ya es riada que arrastra plásticos, restos de comida, heces de vaca, marañas de basura. Agua que se cobra vidas, que destruye casas, que desborda capitales y que a pesar de todo sacraliza lo profano y es ceremonia, y es vida. Agua de Monzón, agua de esperanza. Agua para vivir, agua para jugar. Agua que forma charcos.

 

“El amor se cuela como el agua, dejando humedad para siempre”.

 

La foto destacada es de aquí. El resto de aquí, de aquí y de aquí.

5 comentarios
  1. Adwoa
    Adwoa Dice:

    Conforme iba leyendo tu entrada me iban dando ganas de unirme a esos chavales a pisotear charcos… hasta que he llegado a las heces de vaca, donde me he dado cuenta de la idea tan romántica que sigo teniendo de la lluvia… También me he acordado de que yo solía decir que me encanta el olor a tierra mojada, hasta que viví en Chad y me di cuenta de que la tierra puede desprender muchos olores… y no todos agradables…

    PD. Sabes que tu me has despertado las ganas de ir a la India?

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    • MartinaPez
      MartinaPez Dice:

      Deberías ir porque además de ser un país increible, es un viaje hacia el interior, el que mides tus propias creencias y te evaluas desde dentro; tus realidades, tus sentencias y tu formas de pensa, inamovibles en muchas ocasiones se desmoronan y aparece ese «otro yo» que tanto te hace pensar. 🙂 Ve. No lo dudes.

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  2. Miguel
    Miguel Dice:

    Por culpa de la que me antecede en el comentario, pasé por aquí. Y como me está ocurriendo con casi todos los blogs que me van descubriendo Adwoa y otros, me quedaré, con tu permiso.
    A mí también me han dado de jugar en los charcos y no, no me ha hechado para atrás las heces de las vacas. Son otras suciedades las que me hacen retroceder.
    Un saludo.

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  3. Miguel
    Miguel Dice:

    Fe de erratas:
    Me acaba de pegar una patada en la vista el «hechado» que te dejé en el comentario anterior, que no me sonrojo por no darle el gusto a Adwoa, pero me está costando.

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