El tipo tras el espejo

– Y estas maldita canas, estas ojeras, esta cara de no haber pegado ojo, este tono de voz tan monocromo, tan sin acordes, que lo mismo, si me apuras, tal vez, también suene arrugado. Y este pijama espantoso que Lola se empeña en que no tire.

Verdaderamente estoy atrapado. Atrapado en un cuerpo que ya no reconozco.

Esa pila de facturas y el reloj parado en una fecha de febrero que no alcanzo a recordar; platos sin fregar, la conciencia del tiempo y un silencio tan espeso en el que puedo escuchar mis latidos. Tengo que visitar a tres clientes en dos horas, terminar el master y hablar con mamá; hacer la compra y llamar al fontanero. Sacudirme un recuerdo mojado y recoger un traje.

La vida es una sucesión de cabos sueltos. Reuniones absurdas, gente que corre, las manos ásperas,  el dichoso pijama y estas malditas canas que ayer no plateaban.

Juré que yo nunca y mira. aquí estoy, conjugando en presente. Apuntalando las ruinas. Que poca delicadeza la de los años, ¿eh? Un día llegas y zas. El espejo te devuelve la imagen de un tipo que dice ser tú pero que resulta que no es más que una caricatura de quien tú pensabas que eras. [Y encima se pone tu pijama cochambroso]

La auténtica vida arranca después del primer café. La previa, es un ensayo general. Nico coge aire, y se acerca una taza a los labios que pronto rechaza con amargura. También esto lo ha dejado enfriar. Se gira un par de veces buscando su ángulo bueno y en voz alta:
El caso es que sin pijama, el tipo del espejo mejora un poco. Sólo estoy un poco cansado y con la cabeza llena de ruido. Lo típico, supongo… [Otra vez ese silencio denso] Tampoco estoy tan mal. En realidad estoy bien. Además, da igual. Lo compenso con mi savoir faire. Pero estas malditas canas… este tono de voz tan monocromo…

El tipo tras el espejo

…/…

– Hola Nico, Soy Horacio, felices cuarenta, tío!

– Gracias. Paso. Estaba aquí, frente al espejo; observando los estragos del tiempo y tal. Reconciliándome con ese tipo que ha cruzado el espejo y que, a través, me mira impasible. Creo que se burla.

–  Otra vez el espejo de Lola. Y dime, ¿cuanto tiempo llevas así?

– No sé. Diez minutos; tal vez quince. Da igual.

– ¿No tengo que volver a recordarte que una chatarra convexa* deforma todo lo que pilla, verdad? ¿Qué quieres encontrar en el reflejo? ¿La mejor versión de ti mismo?

– Respuestas, supongo.

– Claro, como todos. Me traes de cabeza con tus excentricidades, tío. N-O-E-S-R-E-A-L. Lo que ves no es de verdad. Suelta lastre, estás a punto de entrar en lo mejor.

– Seguro que sí. Nos espera lo mejor, Horacio. Voy a colgarte, no estoy de humor pero seguro que se me pasa en un ratito.

 – Lo que quieras, pero pon unas birras a enfriar que voy. Brindaremos por las cosas lentas, las invisibles a los ojos y esas que hacen que una hora se convierta en un segundo; celebraremos la vida doméstica y la que sigue sin domesticar. La que late dentro. Será nuestro ratito bañado de eternidad. Volveremos a la piel, a la conversación y a la vida. Despejaremos dudas, nos reiremos de los pasados que no terminan de irse y de los futuros que nunca se cumplieron. De los amores difíciles y de los fuegos de artificio. Y cuando estemos borrachos perdidos, nos arrancaremos confesiones a tiras. Al menos yo lo voy a intentar, Nico. Muero de ganas de saber qué pasó la noche del DobleCheck. Hay que sacarlo fuera, amigo, verás como ya no importa; a lo largo de la vida cambia lo que intentamos comprender. No olvides nunca que podar es sano, pero talar es letal.  Y después huiremos de todo. Necesitas que pasen cosas. Acabar tu cuarenta cumpleaños con una noche de fiesta y gritando como si no hubiera un mañana.

– Gritar como si no hubiera un mañana para sentirme libre de nuevo, sí; reconciliarme con una mañana que a veces amanece hostil, y… Horacio, que hay del pijama?

– ¿El pijama? Ese esperpento lo quemaremos al alba. Será nuestro pequeño aquelarre. #Muahahahahaha

 

*En el centro de Madrid, en la Calle de Álvarez Gato conocida como El callejón del gato, había una antigua ferretería que lucía en su fachada un espejo cóncavo y otro convexo que deformaban el reflejo de quien se miraba en ellos, arrojando, en ocasiones, imágenes divertidas, y en otras auténticas distorsiones ridículas de la realidad. Max Extrella, uno de los personajes principales de Luces de Bohemia, –El particular espejo de Valle Inclán, 1920-, en su periplo por la noche madrileña, pasa por esta calle y desarrolla una reflexión tan honda acerca de la vida y su reflejo distorsionado de la realidad, que, tras esta obra, nace el esperpento como género dramático–literario.

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  1. […] toda la semana le había rondado en la cabeza las palabras de Horacio el día de su cumpleaños, y todo lo que vivieron, lo que bebieron y lo que gritaron aquella noche. Como un par de […]

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