Cielo rojo sobre Bombay

Aterrizo en Chhatrapati Shivaji, el aeropuerto internacional de Bombay, y me cuesta respirar. Hay un algo denso, espeso, cálido y almizclado en el ambiente.

Se hace necesario repasar los sentidos y la intuición. La vista, el oído, el gusto y el tacto no arrojan datos, sin embargo sí la intuición. Y el olfato. Y todo junto componen un crisol de sensaciones difíciles de describir.

El ambiente está pegajoso, lo dice la piel; la vista muestra el gran espectáculo que es la India, el oído apenas percibe ya el caos tras casi cuarenta días de viaje, y en la boca masticamos, como a diario, esa suerte de polvo rojizo que se pega al cuerpo. Sin embargo es el olfato el que falla. El que no es capaz de asociar el olor que percibe con nada conocido. Algo me dice que no es un buen olor. No se parece a nada. Es intenso, meloso, pegajoso incluso, ácido a veces, agrio, y caliente a ratos. Salado, pesado, profundo… un amalgama de matices que hace que sea imposible el identificarlo. Es el perfume de India. El olor que venimos respirando desde el principio pero multiplicado por mil.

dharavi slum yasilavida

Avanza el taxi  hacia nuestro destino y por la ventanilla contemplo el escenario más espeluznante que he visto en mi vida. Caigo en la cuenta: estoy cruzando Dharavi, el slum más grande de India; área tugurial lo llaman, aunque el espectaculo que observo, bajo un cielo azul que en nada recibirá al monzón, a mi me parece el infierno, con ese olor parecido a nada. Son unas doscientas dieciseis mil hectáreas de herrumbre; de huecos de uralita que sueñan con ser casas-talleres y que se amontonan unos encima de otros hasta formar rascacielos de basura de hasta tres pisos, en un equilibrio tan precario, que da miedo. Y esos chamizos forman calles, y las calles sobreviven como pueden en barriadas de miseria. No se me saltan las lágrimas porque ni siquiera soy capaz de dar crédito a lo que veo. Solo giro la cabeza a ambos lados.

Tal vez el río Mithi esté en calma. Es imposible saberlo porque lo cubre una capa de basura tan roja, espesa, opaca, e infranqueable que refleja a duras penas el cielo de Bombay. El único cielo que ven aquellos que se asoman desde sus huecos a mirar el rio, ver pasar la vida y sonreír. Un cielo rojo.

Dharavi es el espacio chabolista situado en el suelo más caro del mundo. Se encuentra estratégicamente situado en las inmediaciones del distrito financiero y, paradójicamente, muy próximo a Bandra Kurla, una de las zonas más exclusivas de Bombay. Se ha especulado con la posibilidad de desmantelarlo y realojar a las familias, pero de momento no hay noticia de que esto se vaya a producir inmediatamente, entre otras cosas porque sus propios habitantes -gente de toda condición social- no desean abandonarlo.

 

slum dharavi yasilavida

En Bombay una de cada dos personas vive en este tipo de asentamiento. Lo más relevante es que la zona que ocupan es únicamente el 6% de todo el territorio, lo que explica los horribles niveles de hacinamiento y el hedor que se extiende a lo largo de la ciudad.

hay aromas únicos, crudos, violentos, peores que el peor de los olores conocidos porque hablan de drama, de trabajos infrahumanos, de comuniones macabras con la muerte, la basura y las heces.

En una ciudad como Bombay, centro de negocios, finanzas, artes, entretenimiento y cultura, hay cifras que aterrorizan:

  • Produce bienes por un valor de US$620 millones.
  • Un grifo de agua corriente por cada 100 habitantes.
  • Un retrete por cada 2000 habitantes.
  • 400.000 habitantes por kilómetro cuadrado.
  • 60.000 casas precarias de 10 metros cuadrados cada una.
  • 15.000 pequeñas fábricas ocupan el espacio de un campo de fútbol.
  • 30.000 talleres viviendo de los beneficios que arroja la basura.
  • 1 moneda propia: trocitos de plástico de colores que se reciclan de la basura para ser vendidos de nuevo a la industria juguetera y que sirven de trueque para conseguir artículos de primera necesidad.Plastic-recyclingslum-Mumbai yasilavida

Y he tenido que llegar hasta aquí, hacer miles de kilómetros para ser capaz de entender que en la India huele a esfuerzo y a vida antes de ser civilizada.

María Blanco, @godivaciones, me decía un día que echaba de menos un post que hablara del olor. Y yo, María, y yo. Pero he necesitado tomar distancia y releeer mis libretas para entender que hay aromas únicos, crudos, violentos, peores que el peor de los olores conocidos porque hablan de drama, de trabajos infrahumanos, de comuniones macabras con la muerte, la basura y las heces.

Que huelen a todas aquellas miserias que creencias como la reencarnación o el sistema de castas no permiten exterminar; pero también he necesitado todos estos meses para descubrir que de la pobreza hay mucho que aprender si vamos más allá del espectáculo que ofrece a simple vista, y que Dharavi libra su peculiar lucha por mantener un sistema de trabajo que de alguna manera les siga reportando una asistencia social.

India slum fire

Michael Robinson Chavez, para Los Ángeles Times, ha elaborado este video.

[Fuente]

La imagen destacada es de Nicholas Adams. El resto son de aquí, de aquí, de aquí y de aquí

2 comentarios
  1. Adwoa
    Adwoa Dice:

    Vi un documental sobre Dharavi hace ya algunos años que me impactó mucho. Ponerle imágenes a una realidad que conocía por palabras fue como una ducha de agua fría. El documental trataba de la lucha de sus habitantes para no ser desahuciados y los intereses económicos que se mueven en esa parte del mundo. Pero no hablaba de los olores. Y aunque lo hubiera hecho, no lo habría descrito tan bien como tú. Tu entrada ha sido el complemento perfecto. Magnífica; como siempre!
    Un fuerte abrazo

    Responder
  2. Alexandra
    Alexandra Dice:

    Por unos momentos he dejado de respirar el aire polucionado de Madrid para oler el aroma de la India. Y lo pegajoso. Y lo injusto.
    Gracias otra vez. Por este viaje y por cada día.

    Responder

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