El blues del vagón

Se pegan. Respiran sobre tu nuca. Te rozan. Su pelo te hace cosquillas. Y el borde de una camisa. Si te empeñas, si tú quieres, escuchas un corazón que no late por ti. Hay labios que están demasiado cerca, tan cerca como lejos están los que siempre estarán lejos. Y hay miradas de hambre que no seré yo quien interprete.

Si se desea mover un brazo, contribuimos todos. Si no, no hay manera de acomodar los cuerpos a un espacio inexistente.
Sin suerte, una, dos, varias pieles pueden llegar, no ya a rozar la tuya, sino a pegarse. Y solo se descubre cuando inicias el despegue.

Y se mezclar tejidos, colores, olores, sabores, sudores y dióxidos varios.

Los restos del cocido con Comme des Garçons; una noche de sexo con las guardias de enfermería en neonatos, un madrugón sin ducha con un medio día de cañas. Los restos de un naufragio con una buena noticia. El estreno de un mes con paga con el drama de un inmigrante. Una señora de edad indefinida, un punki con buena pinta, un ejecutivo de Saldos Arias, un abuelo, un forzudo, la adolescente de cabello infinito, un operario, Hiro Ito y su semana libre al año, y usted, caballero, empeñado en leer lo que escribo.

Y todos con la cabeza bien alta con cara de esto no está pasando. Pero sí. Y jode.

#ElbluesDelVagón.
#ElMetroALasTres
#YaNoMeToquéisMás

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